Estamos en el comienzo de la Edad Dorada del periodismo –pero no es periodismo como lo hemos conocido hasta ahora–. Los futurólogos de medios han pronosticado que para el año 2021 "los ciudadanos producirán colaborativamente el 50 por ciento de las noticias".
Sin embargo, los medios tradicionales tienen todavía que adoptar o experimentar significativamente con estas nuevas formas de noticias.Históricamente, a los periodistas les ha sido encomendado informar a la democracia. Pero su futuro dependerá no solo de qué tan bien lo hagan sino también de cómo estimulen y hagan posible el diálogo con los ciudadanos. Ese es el desafío.
Este informe plantea importantes consideraciones cuando se explora un esfuerzo colaborativo entre la audiencia y un medio tradicional.Por Shayne Bowman y Chris WillisEditado por J.D. LasicaTraducido por Guillermo Franco M.
1. Introducción al periodismo participativo
Armada con herramientas de edición Web fáciles de usar, conexiones permanentes y dispositivos móviles cada vez más potentes, la audiencia en línea tiene los medios para llegar a ser un activo participante en la creación y diseminación de noticias e información.
2. Contexto cultural: detrás de la explosión de medios participativos
Internet ha causado cambios significativos en el periodismo. Queda por ver exactamente cómo se manifestarán y cuánto del cambio veremos. La creación de Internet como la conocemos ayudó a crear vidas media-céntricas. Ha cambiado la dinámica de las noticias y convertido a los clientes en contribuyentes.
3. Cómo está tomando forma el periodismo participativo
El periodismo participativo usa el modelo "publico, luego filtro" en lugar del tradicional modelo "filtro, luego publico". Examinamos los procesos de autocorrección, las fortalezas y debilidades de los principales sistemas y formatos de periodismo participativo. Estos incluyen: grupos de discusión, weblogs (blogs), publicación colaborativa, sistemas 'punto a punto' ('peer to peer', en inglés) y sindicación XML. Se examinan las variadas funciones que la audiencia puede desempeñar y los tipos de formatos de periodismo participativo en que estas prosperan.
4. Las reglas de la participación
¿Qué motiva a la audiencia a tomar parte en el periodismo participativo? Son detalladas las necesidades sociales y cómo el periodismo las satisface. Como cualquier sistema social, el medio participativo ha desarrollado sus propias reglas. Se discuten estas reglas y se explica cómo trabajan.
5. Implicaciones para los medios y el periodismo
Las tendencias clave que están modelando el futuro de los medios y el periodismo y el impacto de Internet incluyen: la democratización del medio debido a las bajas barreras de entrada, los desafíos a la hegemonía de los medios, una redefinición de credibilidad –quién la tiene y cómo se crea-, el ascenso de nuevos expertos y perros guardianes, los cambios en los modelos económicos para las compañías de medios y las nuevas expectativas y demandas de los consumidores en el proceso periodístico.
6. Beneficios potenciales de 'Nosotros, el Medio'
Los beneficios potenciales para las compañías de medios y negocios que adopten el periodismo participativo en una forma significativa pueden incluir: incremento en la confianza, responsabilidad compartida en una democracia informada, creación de experiencias memorables, atraer a la audiencia más joven y crear una fuerte relación con la comunidad en general.
7. Cómo podrían responder los medios
Formas para que las compañías de medios integren el periodismo participativo en sus operaciones existentes incluyen: entender y construir sobre el concepto de que las conexiones equivalen a valor, hacer responsables a las redacciones de cambiar, dar al personal algún nivel de autonomía, acoger a los clientes como innovadores y compartir la historia, no apropiarse de ella.Apéndice: Bibliografía adicional
Una lista de recursos, desde sitios Web hasta libros y herramientas sobre y para 'Nosotros, el medio'.
fuente: http://www.hypergene.net/wemedia/espanol.php
domingo, 26 de octubre de 2008
Televisión e Internet: el amor y no la guerra
Figuras de la tele, como Natalia Oreiro, hacen ficciones para la web. Otras nacen en la red y pasan a la otra pantalla. Florecen las comunidades virtuales como la de "Patito feo". En lugar de competir, la TV e Internet parecen amarse.
Fuente: clarín
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Fuente: clarín
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sábado, 25 de octubre de 2008
En Londres borrarán un graffiti de Banksy, que igual sigue rompiendo récords
No son todas buenas para el cotizado, premiado y enigmático artista callejero. Las autoridades locales del distrito de Westminster decidieron pintar encima del mural que Banksy plasmó para protestar por el aumento de la videovigilancia en la capital británica. Sin embargo, las ventas de sus pinturas superaron las expectativas de las casas de subastas.
fuente: revista ñ
lunes, 13 de octubre de 2008
El lenguaje de la crisis
Por Eduardo Aliverti - para página 12
Hay algo maravillosamente notable, pero no asombroso, en la presentación cotidiana del actual escenario mundial. El semiólogo Eliseo Verón fue uno de los pocos que repararon en ello, al menos entre nosotros: no hay, casi, nombres propios.
Salvo Bush (y hasta por ahí nomás, porque en general se lo cita a través de sus patéticos discursos con pretensiones tranquilizadoras), el resto es una serie de figuras abstractas. “Tsunami financiero”, “crash”, “crack”, “tembladeral”, “terremoto”, “colapso” y decenas de sinonimias que en todos los casos expresan situaciones sin definir responsables. Es justamente el sentido más amplio de la palabra “abstracción”: separar un concepto del resto de los contenidos que le dan contexto. Y mucho peor, si se quiere, es lo que ocurre cuando uno pretende internarse, aunque sea, en las culpabilidades y consecuencias técnicas –digamos– de lo que sucede. Porque allí se encontrará con las hipotecas “subprime”, los “hedge funds”, el “desapalancamiento” de los bonos, los activos “tóxicos” y restantes delicias cuya semántica tampoco incluye ni carne ni hueso. Como muchísimo, hay la mención de algunos directivos de los bancos y fondos de inversión quebrados o asistidos, a los que se menciona con algún ligero cuestionamiento por llevarse centenares de millones de dólares en carácter indemnizatorio. Todo lo demás lo trajo la cigüeña de París. En la gráfica se pueden rescatar algunas cosas y en la red una infinidad, como para que los espíritus inquietos se consuelen en forma individual. Pero en la televisión y la radio, que son las que fijan el imaginario e impacto masivos, no sólo rige la reproducción de ese lenguaje indeterminado sino que lo multiplican a través del desfile, pornográfico, de los gurús del establishment. Pornográfico, sí, porque no puede calificarse de otra manera la explicitud de mostrar como sapientes a quienes hasta ayer pregonaron la salud de la economía internacional, la conveniencia de la mano invisible de los mercados, las ventajas de la ausencia absoluta de controles estatales.
Es impresionante la impunidad de esa gente, pero el propio término denota que es mucho más terrible el descaro de quienes les dan cámara y micrófono para, ni siquiera, animárseles a algún tibio retruco. Porque la impunidad es un desvalor que alguien concede. Y para el caso, lo otorga el Poder del que los grandes medios de comunicación forman parte inescindible. Como insistió en advertirlo Nicolás Casullo, muerto esta semana para desgracia del pensamiento crítico superior, los medios son el gran partido que la derecha no logra conformar institucionalmente. No hay ingenuos en esta historia de darle lugar opinativo a quienes operaron de modo sistemático a favor de la especulación financiera. No hay ignorantes o, mejor, no hay ignorancia. El sistema contrata para que los animadores mediáticos reproduzcan el discurso que es abstracto en sus significantes, pero nunca en su significado. Los que pronosticaron el dólar a 10 pesos en la crisis de 2001/2002, los que vivieron de echarle la culpa de todos los males al gasto público, los que insisten en que para salvarse hay que enfriar la economía como eufemismo de recorte de salarios, los loritos a sueldo de los ricos para darles conferencias y decirles lo que quieren escuchar, los que les recomiendan fugar la plata a paraísos fiscales, los que se espantan por la inseguridad jurídica de la Argentina arrodillados de amor frente al libertinaje yanqui, los que se quejan de haber echado mano a las reservas para pagarle al Club de París mientras la Casa Blanca otea estatizar la banca; todos esos siguen volcando pronósticos como si nada, como si la mochila de sus antecedentes no les hubiera partido la espalda al medio, como si les quedase algún espacio de autoridad moral e intelectual. Pero los chanchos les dan de comer y es correcto, excepto si se supone que el andamiaje de los medios es capaz de escupir para arriba.
Al menos podría aspirarse a que alguno tenga el fenomenal criterio provocativo de la BBC de Londres –estatal, por cierto– en el sketch del programa The Last Laugh, que por estos días causa furor en Internet y que algunos medios locales reprodujeron parcialmente. Pero para eso hay que disponer del cinismo inigualable de los ingleses, en lugar de ser un lamentable comunicador o prestidigitador del culo del mundo. Un caradura presentado como agente de inversión explica que hay que imaginarse un negro desempleado, en camiseta sin mangas, sentado frente a un pórtico derruido en Alabama. Llega un vendedor de hipotecas, cuyo sueldo depende de cuántas haga y por tanto absolutamente desconfiable, y le pregunta si quiere comprar esa casa antes de que se venga abajo. El negro dice que sí, el vendedor le presta el dinero, la deuda es tomada por el banco y, junto con otras miles y miles, la empaquetan y presentan en Wall Street. A nadie le interesa lo que hay adentro del paquete, que se convierte en un “vehículo de inversión estructural”, y entonces el chanta lo compra y llama a Tokio, por ejemplo. Le dice a otro como él si quiere adquirir el paquete, le contesta que no tiene ni la menor idea de lo que hay adentro y que vale 100 millones de dólares. El que está en Japón dice “está bien” y eso es todo. Eso es el mercado. El entrevistador pregunta qué diablos hay en esos paquetes como para atraer a los inversionistas, y el “agente” le responde que esos fondos de inversión especulativos tienen nombres muy buenos. No es que sean firmas reputadas ni responsables ni nada que se le parezca. Es que una se llama Fondo Estratégico de Crédito Estructurado de Alta Gama, y la otra Fondo de Apalancamiento de Crédito Estructurado de Alta Gama. Muy bueno, dice el “periodista”, y agrega que compraría cualquier cosa que diga “alto”, “estructurado” y “mejorado”. Claro, añade el otro, porque si se llamara Fondo del Negro Desempleado quizás alguien sospecharía algo. Al que pregunta sólo le queda la duda de por qué los inversores pudieron ser tan estúpidos. Y el tipo le contesta que los estúpidos son los que preguntaron cuánto vale esa casa; que a ellos ya vendrá a salvarlos el Gobierno como premio por haberse tomado el trabajo de especular y que quienes sufrirán son los fondos jubilatorios o de pensión, como seguramente tiene el periodista y sólo para ejemplificar.
Es la victoria del lenguaje de los símbolos que, en vez de decir las cosas así, andemos por la vida llamándole “activos tóxicos” a los papeles pintados del Imperio, “ley del mercado” a la explotación, “subprime” a los negociados inmobiliarios y “público” a los pobres negros que sufren un carnaval de blancos. Y encima, hasta podemos ser capaces de creernos que si los Estados Unidos intervienen en la banca es porque giraron a la izquierda.
Hay algo maravillosamente notable, pero no asombroso, en la presentación cotidiana del actual escenario mundial. El semiólogo Eliseo Verón fue uno de los pocos que repararon en ello, al menos entre nosotros: no hay, casi, nombres propios.
Salvo Bush (y hasta por ahí nomás, porque en general se lo cita a través de sus patéticos discursos con pretensiones tranquilizadoras), el resto es una serie de figuras abstractas. “Tsunami financiero”, “crash”, “crack”, “tembladeral”, “terremoto”, “colapso” y decenas de sinonimias que en todos los casos expresan situaciones sin definir responsables. Es justamente el sentido más amplio de la palabra “abstracción”: separar un concepto del resto de los contenidos que le dan contexto. Y mucho peor, si se quiere, es lo que ocurre cuando uno pretende internarse, aunque sea, en las culpabilidades y consecuencias técnicas –digamos– de lo que sucede. Porque allí se encontrará con las hipotecas “subprime”, los “hedge funds”, el “desapalancamiento” de los bonos, los activos “tóxicos” y restantes delicias cuya semántica tampoco incluye ni carne ni hueso. Como muchísimo, hay la mención de algunos directivos de los bancos y fondos de inversión quebrados o asistidos, a los que se menciona con algún ligero cuestionamiento por llevarse centenares de millones de dólares en carácter indemnizatorio. Todo lo demás lo trajo la cigüeña de París. En la gráfica se pueden rescatar algunas cosas y en la red una infinidad, como para que los espíritus inquietos se consuelen en forma individual. Pero en la televisión y la radio, que son las que fijan el imaginario e impacto masivos, no sólo rige la reproducción de ese lenguaje indeterminado sino que lo multiplican a través del desfile, pornográfico, de los gurús del establishment. Pornográfico, sí, porque no puede calificarse de otra manera la explicitud de mostrar como sapientes a quienes hasta ayer pregonaron la salud de la economía internacional, la conveniencia de la mano invisible de los mercados, las ventajas de la ausencia absoluta de controles estatales.
Es impresionante la impunidad de esa gente, pero el propio término denota que es mucho más terrible el descaro de quienes les dan cámara y micrófono para, ni siquiera, animárseles a algún tibio retruco. Porque la impunidad es un desvalor que alguien concede. Y para el caso, lo otorga el Poder del que los grandes medios de comunicación forman parte inescindible. Como insistió en advertirlo Nicolás Casullo, muerto esta semana para desgracia del pensamiento crítico superior, los medios son el gran partido que la derecha no logra conformar institucionalmente. No hay ingenuos en esta historia de darle lugar opinativo a quienes operaron de modo sistemático a favor de la especulación financiera. No hay ignorantes o, mejor, no hay ignorancia. El sistema contrata para que los animadores mediáticos reproduzcan el discurso que es abstracto en sus significantes, pero nunca en su significado. Los que pronosticaron el dólar a 10 pesos en la crisis de 2001/2002, los que vivieron de echarle la culpa de todos los males al gasto público, los que insisten en que para salvarse hay que enfriar la economía como eufemismo de recorte de salarios, los loritos a sueldo de los ricos para darles conferencias y decirles lo que quieren escuchar, los que les recomiendan fugar la plata a paraísos fiscales, los que se espantan por la inseguridad jurídica de la Argentina arrodillados de amor frente al libertinaje yanqui, los que se quejan de haber echado mano a las reservas para pagarle al Club de París mientras la Casa Blanca otea estatizar la banca; todos esos siguen volcando pronósticos como si nada, como si la mochila de sus antecedentes no les hubiera partido la espalda al medio, como si les quedase algún espacio de autoridad moral e intelectual. Pero los chanchos les dan de comer y es correcto, excepto si se supone que el andamiaje de los medios es capaz de escupir para arriba.
Al menos podría aspirarse a que alguno tenga el fenomenal criterio provocativo de la BBC de Londres –estatal, por cierto– en el sketch del programa The Last Laugh, que por estos días causa furor en Internet y que algunos medios locales reprodujeron parcialmente. Pero para eso hay que disponer del cinismo inigualable de los ingleses, en lugar de ser un lamentable comunicador o prestidigitador del culo del mundo. Un caradura presentado como agente de inversión explica que hay que imaginarse un negro desempleado, en camiseta sin mangas, sentado frente a un pórtico derruido en Alabama. Llega un vendedor de hipotecas, cuyo sueldo depende de cuántas haga y por tanto absolutamente desconfiable, y le pregunta si quiere comprar esa casa antes de que se venga abajo. El negro dice que sí, el vendedor le presta el dinero, la deuda es tomada por el banco y, junto con otras miles y miles, la empaquetan y presentan en Wall Street. A nadie le interesa lo que hay adentro del paquete, que se convierte en un “vehículo de inversión estructural”, y entonces el chanta lo compra y llama a Tokio, por ejemplo. Le dice a otro como él si quiere adquirir el paquete, le contesta que no tiene ni la menor idea de lo que hay adentro y que vale 100 millones de dólares. El que está en Japón dice “está bien” y eso es todo. Eso es el mercado. El entrevistador pregunta qué diablos hay en esos paquetes como para atraer a los inversionistas, y el “agente” le responde que esos fondos de inversión especulativos tienen nombres muy buenos. No es que sean firmas reputadas ni responsables ni nada que se le parezca. Es que una se llama Fondo Estratégico de Crédito Estructurado de Alta Gama, y la otra Fondo de Apalancamiento de Crédito Estructurado de Alta Gama. Muy bueno, dice el “periodista”, y agrega que compraría cualquier cosa que diga “alto”, “estructurado” y “mejorado”. Claro, añade el otro, porque si se llamara Fondo del Negro Desempleado quizás alguien sospecharía algo. Al que pregunta sólo le queda la duda de por qué los inversores pudieron ser tan estúpidos. Y el tipo le contesta que los estúpidos son los que preguntaron cuánto vale esa casa; que a ellos ya vendrá a salvarlos el Gobierno como premio por haberse tomado el trabajo de especular y que quienes sufrirán son los fondos jubilatorios o de pensión, como seguramente tiene el periodista y sólo para ejemplificar.
Es la victoria del lenguaje de los símbolos que, en vez de decir las cosas así, andemos por la vida llamándole “activos tóxicos” a los papeles pintados del Imperio, “ley del mercado” a la explotación, “subprime” a los negociados inmobiliarios y “público” a los pobres negros que sufren un carnaval de blancos. Y encima, hasta podemos ser capaces de creernos que si los Estados Unidos intervienen en la banca es porque giraron a la izquierda.
domingo, 12 de octubre de 2008
COMO VINCULAR CINE Y FILOSOFIA
La ética que Hollywood nos dejó
Con un original y atractivo enfoque, el filósofo estadonidense Stanley Cavell sostiene que en las películas norteamericanas suele darse una percepción de la conducta humana como algo impredecible, y en este sentido, contienen una enseñanza. En una entrevista exclusiva con Ñ, Cavell dice: "Encuentro verdaderas transformaciones metafísicas en los personajes".
fuente: revista ñ (leer nota completa)
miércoles, 8 de octubre de 2008
trabajar con imagenes
actividad: analiza como el diario la nación resignifica la imágen, con qué nuevas connotaciones.
elige una imagen que hable de actualidad y resignificala a partir de cambiar levemente la imagen o de agregarle un nuevo texto.
elige una imagen que hable de actualidad y resignificala a partir de cambiar levemente la imagen o de agregarle un nuevo texto.
lunes, 6 de octubre de 2008
análisis de primeras planas
viernes, 3 de octubre de 2008
hackers - daniel paz
sábado, 27 de septiembre de 2008
"GUAICAIPURO CUAUHTEMOC COBRA LA DEUDA A EUROPA"
Por el periodista venezolano Luis Britto García*.
Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuauhtémoc, he venido a encontrar a los que celebran el Encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que se la encontraron hace quinientos. Aquí pues nos encontramos todos: sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me Descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una Deuda contraída por Judas a quienes nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda Deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento. Ya los voy descubriendo.También yo puedo reclamar pago. También puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que sólo entre el año de 1503 y el de 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América. ¿Saqueo? No lo creyera yo, porque es pensar que los hermanos cristianos faltan a su séptimo mandamiento. ¿Expoliación? Guárdeme Tonatzin de figurarme que los europeos, igual que Caín, matan y después niegan la sangre del hermano. ¿Genocidio? Eso sería dar crédito a calumniadores como Bartolomé de las Casas, que califican al Encuentro de Destrucción de las Indias, o a ultrosos como el doctor Arturo Uslar Pietri, quienes afirman que el arranque del capitalismo y de la actual civilización europea se debió a esa inundación de metales preciosos.No, esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de varios préstamos amigables de América para el desarrollo de Europa. Lo contrario, sería presuponer crímenes de guerra, lo cual daría derecho, no sólo a exigir devolución inmediata, sino a indemnización por daños y perjuicios. Yo, Guaicaipuro Cuauhtémoc, prefiero creer en la menos ofensiva de la hipótesis. Tan fabulosas exportaciones de capital no fueron más que el inicio de un Plan Marshalltzuma para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, defensores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.Por ello, al acercarnos al Quinto Centenario del Empréstito, podemos preguntarnos: ¿han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable, o por lo menos productivo de los recursos tan generosamente adelantados por nuestro Fondo Indoamericano Internacional?Deploramos decir que no. En lo estratégico, lo dilapidaron en batallas de Lepanto, Armadas Invencibles, Terceros Reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin más resultado que acabar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como Panamá (pero sin canal). En lo financiero, han sido incapaces -después de una moratoria de 500 años- tanto de cancelar capital o intereses, como de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta el Tercer Mundo.Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman conforme a la cual una economía subsidiada jamás podrá funcionar. Y nos obliga a reclamarles -por su propio bien- el pago de capital e intereses que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos. Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a los hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas flotantes de interés de un 20% y hasta un 30% que los hermanos europeos cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo de un 10% anual acumulado durante los últimos trescientos años.Sobre esta base, y aplicando la europea fórmula del interés compuesto, informamos a los Descubridores que sólo nos deben, como primer pago de la Deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y otra de 16 millones de kilos de plata, ambas elevadas a potencia de trescientos. Es decir: un número para cuya expresión total serían necesarias más de trescientas cifras, y que supera ampliamente el peso de la Tierra. Muy pesadas son estas moles de oro y de plata. ¿Cuánto pesarían calculadas en sangre?Aducir que Europa en medio milenio no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar este módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo. Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos. Pero sí exigimos la inmediata firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y los obligue a cumplirnos sus compromisos mediante una pronta Privatización o Reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera como primer pago de su Deuda histórica.Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota que le impide cumplir sus compromisos financieros o morales. En tal caso, nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con la que mataron al poeta.Pero no podrán: porque esa bala, es el corazón de Europa.
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